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martes, 28 de abril de 2020

Gobernar en medio de una pandemia

Alejandro Herrera

Al gobierno de cada país le correspon­de la magna tarea de encarar y dirigir las estrategias y ac­ciones de contención de la pande­mia provocada por el nuevo coro­navirus que causa la enfermedad mortal conocida como COVID- 19, sabiendo, de inicio, que co­mo problema de dimensión glo­bal, no existe solución global, ni receta aceptada o única, y que los vaticinios más consistentes indi­can que la posible vacuna o cura inmunológica no llegará antes de que transcurra el primer año des­de su aparición en diciembre de 2019 en China.
Los más probados expertos co­inciden en que la mejor mane­ra de enfrentar el COVID-19 va­ría según el país, y siempre será, tal como hemos visto, “el desafío de un tira y afloja tripartito en­tre combatir la enfermedad, pro­teger la economía y mantener a la sociedad estable”. Las mentes sensatas, racionales, o quienes es­tán en plena acción de gobernar pueden dar fe o reconocer lo di­fícil que, en la realidad de los he­chos, resulta lograr el equilibrio entre estos tres objetivos estraté­gicos esenciales y más o menos alcanzar ciertos logros.
Al cabo de un mes y varios días de enfrentar la realidad de tener el virus circulando en nuestro te­rritorio, los dominicanos hemos pasado el proceso de aceptar, aca­tar y apoyar las oportunas medi­das dispuestas por el gobierno que encabeza el Presidente Da­nilo Medina. Es admirable có­mo hemos desplegado de forma colectiva nuestro mejor espíri­tu colaborativo y solidario, prac­ticando el aislamiento social, quedándonos el mayor tiempo posible en nuestros hogares, y uti­lizando casi todos los recomen­dados mecanismos de protección individual, como guantes, mas­carillas, y guardando metros de distancia en las filas cuando pro­curamos la obtención de algún servicio básico.
Es muy loable, cómo para la protección de nuestra propia sa­lud, hemos aprendido y logrado rápidamente evadir el contagio del COVID-19, viviendo en esta­do de cuarentena. Conozco mu­chas personas que desde el 19 de marzo pasado no “han vuelto a poner un pie fuera de casa”, y mucho menos reciben dentro de su hábitat visita alguna, por muy cercana que esta sea.
La efectividad y buenos resul­tados del conjunto de medidas dispuestas por nuestro Gobierno, que está pasando esta extraordi­naria prueba con buenas notas, es un claro ejemplo de correcta ac­tuación gubernamental, y que no deja dudas acerca de su ineludi­ble responsabilidad de gobernar el país afectado por la pandemia del COVID-19, no obstante en­contrarnos en el tramo final del mandato constitucional, como bien lo explica el buen amigo y ex Director de Estadísticas, don Pa­blo Tactuk, en un artículo publi­cado recientemente.
En dicho artículo hace un ejer­cicio bajo estimación del méto­do estadístico de “evolución del coronavirus en RD en marzo y abril”, vemos cómo este virus tu­vo en una primera etapa, hasta el 30 de marzo, un promedio de crecimiento de casi un 31%, que de no haber intervenido las me­didas del gobierno, los casos de contagios “hubieran ascendido a casi 3 millones y medio al 30 de abril, un escenario catastrófi­co”. No obstante estar sortean­do la catástrofe, lo cierto es que la pandemia sigue siendo una ame­naza real entre nosotros, la tene­mos por aquí y sabemos ya que no es un juego, ni nada parecido a algo que alguien pudo desear y se sentó a esperar. Las conse­cuencias por igual están con no­sotros. Aun cuando seremos la única economía de América Lati­na que no cerrará el año en rojo, lo que continúa es administrar la crisis en todos los órdenes, y con­cebir e iniciar de forma inmediata un plan de recuperación del país, que para cualquier ente respon­sable, debe saber que no se trata de un premio, regalo o distinción para nadie gestionar la situación que nos viene.
Ante el proceso electoral pen­diente para el 5 de julio, ¿están los actores más importantes de la sociedad dominicana conscientes del inmenso reto que como país tenemos por delante en los órde­nes sanitarios, económicos y so­ciales como situación nueva fruto del COVID-19? ¿Está el liderazgo nacional en capacidad de discu­tir y pactar un gran acuerdo ten­dente a lograr la recuperación económica del país? ¿Qué nos asegura que estaremos listos des­de el punto de vista sanitario pa­ra acudir a elecciones generales el próximo 5 de julio de forma con­fiable?
De lo que no hay dudas es que, aun cuando gobernar en demo­cracia como la nuestra requiere de habilidades de acróbata o ciru­jano político, el Gobierno del Pre­sidente Danilo Medina, que tran­sita el tramo final de su mandato constitucional, ejercerá hasta el último momento su responsabili­dad de gobernar para dejar en fe­liz resguardo la salud del pueblo dominicano y su encauzamiento por el trayecto seguro de la recu­peración, sin importar el nervio­sismo que esta pudiere general en sectores políticos de oposición que no terminan de ponerse a la altura de las circunstancias y en­tender que aquí, de forma inespe­rada, todo cambió.
¿Quién puede seguir guiando el barco de la nación hacia puerto seguro? Confiamos en la sabidu­ría del pueblo dominicano, pues­ta de manifiesto en cada momen­to estelar de nuestra historia.

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