yo, leyendo los críticos de cine "vamos de robo"

ARMANDO ALMÁNZAR LE PEGA LOS CABLES A "VAMOS DE ROBO"

Luis José Germán en primer plano, atrás Carlos Sánchez, Manolo Ozuna y Fausto Mata

Por Armando Almánzar R.

Dice el refrán que no hay felicidad completa y por esa tan sencilla razón, luego de deleitarnos con Judi Dench, luego de regustarnos con historia tan interesante y bien planteada como la antes comentada, entonces salimos y, todavía con la sonrisa en los labios... ¡fuácata”: “Vamos de robo”.
Hace poco leíamos sobre guionistas no europeos, no norteamericanos, no japoneses, sino latinoamericanos que, al preguntarles sobre sus guiones, sobre el tiempo que invertían en escribir un guión, hablaban de un año, de dos años, decían que los escribían una, dos, tres y hasta cuatro veces para sentirse al fin conformes con lo plasmado en el papel, en la pantalla de su PC.
Pero, por supuesto, esos son locos viejos que pierden tiempo. Por estos lados, los hay que escriben un guión cada dos o tres meses, luego dirigen la película y en ocasiones la interpretan.
Y van de robo, porque les patrocinan la puesta en escena, la rellenan de comerciales (con eso pagan en parte las inversiones), luego consiguen dinero de la DGCine y, repetimos, van de robo.
Por supuesto, quien no va de robo es el cine, el séptimo arte, que es obviado para rodar puras mojigangas. También, por supuesto, van a decir de nuevo que “quienes quieran ganar el Oscar que se vayan a Hollywood”, o que “ellos no trabajan para hacer obras maestras, sino para el pueblo”, respuestas vanas, huecas y necias porque lo que sí saben en su fuero interno es que, si por algún repentino vaivén mental a alguno de ellos se le ocurriera la idea de hacer una “película para el Oscar” o “una Obra Maestra”, lo seguro es que, a pesar de las intenciones, les saldría otra burrada.
Porque no es que no quieren, es que no pueden.
Y la presente lo demuestra de principio a fin: una historia con más agujeros que un colador, con un guión atropellado con diálogos que parecen una catarata de repeticiones, los cuatro del robo cada uno con su cantilena repitiendo lo mismo cada tres minutos, sus esposas repitiendo sus quejas cada tres minutos, y un robo que nunca es investigado a pesar de lo evidente: los sospechosos aún estaban dentro del banco cuando llegó la policía y no había dinero por ninguna parte, otros estaban dentro y tampoco importa, los acusados lo llegan a saber, pero tampoco lo dicen ni a la policía ni a la prensa ni a nadie, al final hay una persecución y, como por arte de magia, todos los perseguidos y perseguidores confluyen en el mismo lugar donde, claro, también están los ladrones.
Y si de histrionismo se trata, remachamos lo mismo que ya hemos dicho en muchas oportunidades. (L.D.)
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Editora: Yenny Polanco Lovera

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