Una calle con mi nombre. Marivell Contreras

<THUMBNAIL>
Marivell junto a su madre
Todavía no salgo de la emoción que me produjo conocer que la XVIII Internacional del Libro me dedicaría una calle dentro del recinto ferial y que de hecho sería la única mujer escritora en recibir ese honor en la jornada de este año.
Esa extraña emoción que se remite a la parte del yo social y que de alguna manera reafirma o pontifica ideas que uno tiene sobre sí mismo. Hay que recordar que la valoración del yo se hace a partir de estímulos más externos que internos.
Siempre he dicho que todo lo que soy y hago lo hago porque lo siento así, porque lo creo mi deber o por la pasión arrebatadora que me producen mi pasión por la cultura, por el libro, por el periodismo y por el bien de los demás.
Así que me siento agradecida. Sobre todo porque la entrega de ese reconocimiento permitió que mi madre, amada hasta el último pelo, tuviera la oportunidad de compartir su historia, una que le escuché decir mil veces cuando niña y otras miles de veces cuando grande.
A mami, su padre no le permitió desarrollarse. No le permitió estudiar porque esa era “una vagabundería” y porque además tenía la intención de que todos sus hijos se dedicarán al duro trabajo de la tierra, hembras y varones.
Pero mi madre, se reveló. No iba a pasarse la vida “echando asaaa”, o sea horadando la tierra para sembrarla y cargando sacos. Así que se fue de la casa y tuvo la vida entera para quejarse de que siendo una mujer con condiciones no pudo elevarse a los niveles que ella quería porque las condiciones no se le dieron.
Ahora sí, nos machacó que debíamos superarla, que debíamos prepararnos y estudiar. Para que la vida nos fuera más amable. Mami aprovechó el escenario para compartir el motivo de sus luchas y rebeldías y para agradecer que sus hijos la oímos y que hoy sentía que había valido la pena…
El desahogo de mami, el orgullo de ella porque haya una calle en la Plaza de la Cultura con mi nombre bastaría para agradecer hasta siempre la distinción de la que me hicieron objeto el ministerio de Cultura y la Dirección de la Feria del Libro.
Para qué entonces pueden servir estos pequeños logros que engrosan la trayectoria de una vida, sino es para que los padres, los esforzados que lo dieron todo por nosotros, que se sacrificaron en no ser para que nosotros fuéramos, sientan la alegría y la compensación a todas sus lágrimas y ruegos.
Esa calle de la Feria Internacional del Libro que hoy tiene mi nombre en realidad debería tener el nombre de mi madre, por lo que me siento feliz al ver todo lo que de ella hay en mí y todo lo que  he podido responderle a sus expectativas intelectuales.
En mayo se celebra el día de la madre en el mundo y yo celebro con esta calle oficial a mi madre como habré de hacerlo por siempre…
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Editora: Yenny Polanco Lovera

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