Correos!!! En la Red nada se calla.

Últimamente percibo a Álvaro Arvelo como un personaje, un Frankestein fuera de control, creado por Bienvenido Rodríguez y alimentado por sus compañeros de trabajo del Gobierno de la Mañana, que en aras de conservar su empleo o aumentar el rating —algo que les conviene a todos—, les permiten todo tipo desconsideraciones, entre ellas, ser llamados enanos mentales.
Álvaro tiene dos aspectos en los que es genial: una memoria prodigiosa para fechas, nombres y números que le es de mucha utilidad en su aspecto de narrador deportivo y el don del histrionismo, que con el paso del tiempo emplea con más frecuencia. Si su presencia en el Gobierno de la Mañana se hubiera manejado como la de un personaje (irreal) y no como la de una persona (real), el programa estaría en un mejor momento, pero como con cada maldición que pronuncia o vaso que rompe la gente se asombra menos, el recurso ha perdido su anterior efectividad.

Audiencia o Influencia
En comunicación, una cosa es ser el más escuchado y otra muy distinta ser el más influyente. Bievenido, Alvarito y hasta sus compañeros pueden pensar que el asunto va bien, pues los numeritos en el rating se mantienen estables, de lo que no se han dado cuenta es que aunque los numeritos sumen, la audiencia ya no es la misma. Uno atrae aquello que es, y mientras más superficial se vuelve el programa, más superficial se vuelve su público. Antes se decía que el Gobierno de la Mañana era el medio que definía la agenda noticiosa del país, y así era, pues cada comentario emitido en la Z era amplificado por una red inmensa de medios, comunicadores y en cualquier sobremesa. Ahora se habla más del personaje y de la última trama que del contenido mismo, una muy mala señal. Esto se hace evidente cada vez que abren las líneas y la gente en vez de aportar al tema tratado se dedica a provocar al personaje para que desarrolle su papel. Alvarito les responde, maldice e insulta, pues como se dice en el teatro, el show debe continuar.

Esa emisora, y ese programa en particular, han desbordado los límites de la decencia. El descaro de sus miembros en cuanto a fijar posiciones que todos sabemos no obedecen a convicciones, sino a otro tipo de intereses. Y ahora vomitando todos los días a la audiencia con sus insultos, especialmente los que provienen del Alvaro ese, que de don no tiene nada. Alguien debe poner coto a ese show de mal gusto, y obviamente que no será la audiencia, por tratarse esta de una sociedad profana. La iniciativa debe venir de las emisoras que compiten con la Z, sacando al aire un programa que sin insultar, pueda dar “primicias”, que sea un informativo ágil, capaz de crear controversia entre sus miembros, pero que estos no sean negociantes de la política declarados aunque si pudieran estar vinculados a partidos o ser miembros de “parcelas políticas”.
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Editora: Yenny polanco lovera

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